No es uno de los lugares más promocionados de la Patagonia, pero sin duda es uno de los más bellos y que más vale la pena visitar, sobre todo si en tu viaje te quedas unos días por la zona de la Bariloche.
Puerto lacustre ubicado en la ribera oeste del lago Nahuel Huapi, Puerto Blest se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, a 25 km al oeste de San Carlos de Bariloche. Una de sus particularidades es que es solo accesible navegando el lago, lo cual contribuye al aislamiento del lugar, y por extensión, a gran parte de su encanto, semi-escondido en pleno corazón de la Patagonia.
Otra de las curiosidades del enclave que conocí durante la excursión es que este punto es uno de los más lluviosos de toda Argentina. Las intensas precipitaciones dan lugar a un bosque húmedo y verde, en un ecosistema selvático frío, donde florecen árboles nativos como el Coihue y enredaderas típicas de ecosistemas selváticos que todos asociamos a selvas tropicales y que uno no esperaría encontrar en estas latitudes.
Los alicientes para visitar Puerto Blest no acaban aquí: es una buena excusa también para navegar el Nahuel Huapi, siendo también parada habitual dentro del famoso Cruce Andino, travesía lacustre que conecta Argentina con Chile a través de lagos y montañas. Por si fuera poco, aquí cerca descansan los restos de Francisco Pascasio Moreno, más conocido como Perito Moreno, uno de los personajes clave en la historia de Argentina.

La imposibilidad de llegar a Puerto Blest de cualquier otra forma que no sea en barco hace que la única manera de visitarlo sea en tour organizado con alguna de las muchas agencias que lo organizan. La reserva puede hacerse online por anticipado, pero también in situ en las agencias de Bariloche e incluso en los hoteles.
A pesar de ser muchas las agencias que ofertan la excursión el plan suele ser casi siempre el mismo, y consiste en una navegación por el Nahuel Huapi hasta una primera parada en la cascada de los Cántaros. Luego se llega a Puerto Blest donde se da un tiempo generoso para disfrutar del entorno, y opcionalmente suele ofertarse también la posibilidad de extender la excursión hasta el lago Frías.
Así es el tour guiado a Puerto Blest
Puntual a las 8:30 pasaba a buscarme la mini van de la agencia por la puerta del hostel para llevarme al punto de inicio. En poco más de 30 minutos estábamos en Puerto Pañuelo, concurrido punto de partida de la navegación, situado en la península Llao Llao. En Puerto Pañuelo los guías nos dan media hora para comprar la entrada al Parque Nacional (aquí los precios actualizados) pues esta no está incluida en el precio del tour.
La navegación por el brazo Blest del Nahuel Huapi dura aproximadamente una hora y ya es merecedora por sí sola de pagar el tour. El radiante día de primavera, con ese frío apaciguado por la calidez del sol, nos dejaba estampas limpias y claras de los picos de los cerros todavía nevados, contrastando con el verde intenso del bosque. El paisaje en este época del año es un espectáculo, un festín para los ojos.

Al poco rato de navegación llega uno de los momentos clave de la navegación: el islote Centinela, pequeño fragmento de tierra en medio del lago donde yacen los restos de Perito Moreno. El ferry aminora el ritmo y por los altavoces los guías nos cuentan más sobre la importancia de Perito Moreno como figura clave en la exploración y conservación de la Patagonia, y también en la disputa entre Argentina y Chile a la hora de delimitar la frontera entre ambos países, a lo largo de la línea que dibujan los Andes de norte a sur. Al morir, en 1919, Perito Moreno fue enterrado en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, pero en 1944 sus restos fueron trasladados a este lugar como muestra de respeto por el amor que Perito Moreno profesó siempre al Nahuel Huapi.
Rato después llegamos a Puerto Cántaros y desembarcamos. Una caminata breve, aunque de pronunciada pendiente, se ve suavizada por una escalinata de madera que serpentea entre la vegetación y que facilita muchísimo la subida hacia el mirador de la cascada de los Cántaros, salto de agua que nace del lago homónimo que se encuentra más arriba, y que por supuesto visitamos también, si bien tanto la cascada como el lago me saben a poco en comparación con lo visto hasta ahora. Nota curiosa: en las inmediaciones del lago Cántaros se encuentra un alerce de más de 1.500 años, que por supuesto forma parte también de la visita.
Tras la cascada y el lago Cántaros los guías nos dan dos opciones: regresar al ferry, que nos llevará ahora ya sí a Puerto Blest, o hacer este recorrido caminando, bordeando esta parte del lago. Yo opto por la segunda opción y es la que te recomiendo hacer, sobre todo si quieres disfrutar de un paseo más tranquilo y solitario. El camino transcurre entre bosque, ríos y playitas, en un entorno precioso que invita a detenerse más de una vez a echar fotos, aunque lamentablemente el tiempo para llegar a la hostería no sobra y las paradas han de ser breves.


Ya en la zona del muelle y de la hostería de Puerto Blest el entorno se abre en un amplio y bucólico prado que te seduce rápidamente para tumbarse en la hierba, descansar, relajarse y alimentar el alma con la belleza del entorno. La hostería, completamente renovada en 2015, tiene habitaciones e instalaciones modernas y cómodas, y sorprendentemente no es tan cara como podría sugerir el que se sitúe en un lugar como este, por lo que sin duda es una opción a tener muy en cuenta para quien quiera pasar una noche romántica en el corazón de la Patagonia.
Dentro de la hostería hay también una pequeña cafetería que sirve comidas básicas para los visitantes de los tours (quienes se hospedan tienen acceso al restaurante, mucho mejor en calidad) por lo que también puedes comprar algo de comer si te olvidaste de traer comida a la excursión.
Quienes contrataron la extensión de la excursión al lago Frías no tienen tanto tiempo de disfrutar de la tranquilidad de la zona: en apenas una hora un bus lleva a otro grupo a otro embarcadero, donde se inicia la navegación por el mencionado lago, cuyo principal reclamo son sus aguas de color turquesa lechoso, debido a la gran carga de sedimentos minerales que arrastra desde el cercano glaciar del cerro Tronador, lugar que visité días antes y que es otra de las excursiones imprescindibles en Bariloche. Otro punto de interés del lago Frías es su paso fronterizo, habilitado para quienes realizan el mítico paso Andino entre Chile y Argentina.
Al cabo de un par de horas nos reunimos todos de nuevo y embarcamos en el ferry de regreso a Puerto Pañuelo. A la vuelta aún da tiempo de pasear por los alrededores de la Península Llao Llao. El famoso hotel de Llao Llao es otra alternativa para pasar la noche; más caro pero también más lujoso, y el entorno, aunque menos aislado, sigue siendo de ensueño.


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