Glaciar Perito Moreno

Un día en el glaciar más bello del mundo

Los glaciares me han despertado siempre una gran fascinación. Hay algo sobrecogedor en el hecho de pararse a contemplar hielo pretérito que lleva ahí siglos, mucho más tiempo del que la imaginación alcanza a imaginar. El Perito Moreno, en la Patagonia argentina, era un sitio al que llevaba tiempo queriendo visitar, y la visita no me defraudó en absoluto.

Más bien, diría que superó mis expectativas. Incuestionablemente, el Perito Moreno fue el punto álgido de mi viaje por la Patagonia, donde pude confirmar lo que muchos dicen sobre él: es uno de los lugares más bellos e impresionantes de la Tierra. Su belleza no viene dada únicamente por la enormidad majestuosa del glaciar, sino por el entorno que le rodea: bosques, picos nevados, un clima cambiante a casi cada minuto, con nubes que dejan una llovizna helada para dar paso en poco tiempo a un sol abrasador. Todo alrededor del Perito Moreno es de una belleza suprema, superlativa, profundamente emocionante.

El Perito Moreno desde las pasarelas

El punto de partida de la visita al Perito Moreno es El Calafate, ciudad más cercana al Parque Nacional de los Glaciares y consagrada desde hace décadas a la industria turística. Es una ciudad no particularmente bonita aunque está ubicada a las orillas del lago Argentino, el cual se extiende desde el mismo parque hasta la ciudad y lleva las aguas del deshielo de, entre otros, el Perito Moreno y otros glaciares de la zona, como el Upsala y Spegazzini.

Como digo, es el punto de partida para visitar todos estos glaciares, y la ciudad oferta todo tipo de alojamientos, además de multitud de agencias que organizan todo tipo de tours y actividades. La más popular, con diferencia, es la del Perito Moreno, aunque realmente es solo una la empresa con la concesión del parque para llevar a cabo el Trekking sobre el glaciar: Hielo y Aventura. Lo que hacen el resto de agencias de El Calafate simplemente es organizar la logística y el transporte hasta el glaciar, si bien se puede llegar también al parque en transporte privado.

Una visión que no olvidaré en toda mi vida es la del blanco brillante del glaciar al torcer una de las curvas de la carretera que lleva al centro de visitantes, ubicado frente al glaciar. Ya desde la lejanía impresiona, sobre todo porque poco a poco se va abriendo el valle y el glaciar empieza a extenderse de forma infinita hacia el horizonte.

Evidentemente, el shock mayúsculo llega cuando llegas a los primeros miradores, en las que son conocidas como pasarelas del Perito Moreno, unas plataformas de madera adaptadas para que todo tipo de público pueda acercarse y obtener vistas cercanas de la cara este del Perito Moreno, el cual se muestra en toda su grandeza ante ti y ya no queda más que rendirse a él desde el primer momento. 

Empiezo entonces una pequeña caminata por el sendero verde del bosque, uno de los cuatro que hay habilitados a través de las pasarelas. Los otros tres son el amarillo -el más corto, fácil y, por tanto, frecuentado- el azul -más largo y que te lleva por la cara norte, junto al llamado canal de los témpanos– y el rojo, que te lleva por la cara sur del glaciar, obteniendo vistas muy cercanas de la llamada zona de ruptura, el fenómeno que antaño le dio la mayor parte de su popularidad al glaciar.

Cualquiera de los cuatro da buena cuenta de la espectacularidad del glaciar. Mientras avanzo por las pasarelas no paro de escuchar palabras de asombro y emoción entre los visitantes, tan alucinados como lo estaba yo. El glaciar no ofrece dos vistas iguales y las sorpresas asaltan a cada momento, como los frecuentes desprendimientos de bloque de hielo, algunos sorprendentemente grandes, que caen al agua con gran estruendo. La sensación es la de estar en un lugar donde la naturaleza es dueña y señora donde, extrañamente, los humanos hemos sido invitados privilegiados a una exhibición soberbia de grandeza.

Una idea empieza a asaltar mi imaginación mientras recorro los continuos miradores del glaciar: recorrer algún día el Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las últimas regiones verdaderamente salvajes del planeta. Con más de 350 kilómetros de norte a sur y unos 16.800 kilómetros cuadrados de superficie helada, repartidos entre Chile y Argentina, es la tercera mayor masa de hielo continental del mundo, solo por detrás de la Antártida y Groenlandia.

La razón de la existencia de tan monumental área de hielo en este punto de la Tierra es igualmente asombrosa: los intensos vientos de hasta 150 km que soplan desde desde el oeste recogen toda la humedad del Pacífico y se encuentran rápidamente con el obstáculo montañoso de los Andes, receta perfecta para que descarguen en forma de nieve, alimentando continuamente el campo de hielo. Con una media de 5.000 mm anuales en el campo de hielo, y de hasta 8.000 mm en los fiordos chilenos, el Campo de Hielo Patagónico Sur es una las regiones mas húmedas del planeta. Esa región, casi dejada de la mano de Dios, es la que alimenta con sus hielos perpetuos al Perito Moreno, y adentrarse en ella debe ser una experiencia absolutamente inolvidable.

Pero eso será en otra ocasión. Por el momento me contento con algo más accesible y mundano en comparación: una caminata sobre el glaciar. A la hora acordada hay que presentarse en el Puerto Bajo las Sombras, donde embarcamos para navegar por unos 20 minutos por la cara sur del glaciar. Desembarcamos y caminamos un sendero corto hasta el refugio Buscaini, donde se organizan los grupos y los guías nos equipan con crampones y casco, además de darnos indicaciones básicas para caminar con total seguridad por encima del hielo.

El Mini-Trekking trata de una modesta caminata de una hora, por una zona habilitada y equipada incluso con cadenas para facilitar el paso. Aunque corta, es una experiencia increíble en la que puedes ver seracs, grietas, sumideros y lagunas. Caminar encima de hielo milenario te sume en un estado alucinatorio, y dan ganas de parar cada tres pasos para fotografiar. Si es inmensa la belleza del Perito Moreno desde las pasarelas, visto desde sus entrañas es indecible, inclasificable.

Hay otra modalidad del trekking llamada Big Ice, más larga pero también más cara. Esta es una caminata de unas tres horas, que se adentra durante más tiempo por el bosque que rodea el glaciar. Una vez sobre el glaciar, los guías te llevan a cuevas glaciares, perfectamente seguras y habilitadas. Ambos trekkings, el corto y el largo, terminan con un rito que se ha convertido en clásico y parte del encanto del tour: un vaso de whisky servido con hielo del glaciar, acompañado también de un dulce de chocolate.

Finalizado el trekking los guías nos hacen volver al refugio, donde nos quitamos los crampones y los cascos, tomamos un «cafecito» rápido y regresamos al barco para volver al puerto Bajo las Sombras. No quise perder la oportunidad de echar una última foto al glaciar en su cara sur durante la navegación de regreso, aunque el viento había arreciado y, el frío, intensificado. Tanto que se me humedecen los ojos, aunque ya no sé si es por el frío o por la emoción de despedirme de un día que recordaré toda mi vida.

Ya en casa, tiempo después del viaje, veo las fotos y me sigo emocionando, sobre todo tras conocer que el Perito Moreno ya no es uno de los pocos glaciares en estado de equilibrio, y que ha pasado a engrosar la larga lista de glaciares en retroceso. Me entristece ver fotos actuales, años después de mi visita, en las que se ve aprecia claramente un retroceso considerable del glaciar respecto a cuando yo lo visité. De hecho, el último «rompimiento» ocurrió en 2018, y a la vista de los acontecimientos, es improbable esperar que vuelve a ocurrir.

Quizás hoy la visita a las pasarelas no sea ya tan espectacular como lo fue años atrás, pero el Trekking sobre el glaciar sigue siendo tan espectacular como siempre, aunque al ritmo acelerado de retroceso del glaciar, cualquiera sabe hasta cuándo podrás seguir pudiendo llevarse a cabo. No se me ocurre mejor motivo para seguir visitando el Perito Moreno, cuando aún no es demasiado tarde, cuando aún puede sentirse la indómita grandeza de la naturaleza en él.

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