El Nuevo Mundo comienza y termina con dos secuencias absolutamenten gloriosas en las que Malick junta a dos genios: la música de Wagner con la fotografía de Emmanuel Lubezki, en una sinfonía visual apabullante y emocionante hasta el tuétano, en opinión de quien aquí escribe entre los mejores opening y endings de la hisotria del cine.
Esa secuencia inicial define el tono de loq ue será el resto de la película, un poema visual que que se recrea en planos de sublime belleza y que utiliza casi más voces en off que diálogos, en un ejemplo más de lo que ya se ha convertido en un género en sí mismo, el género Mallick, una forma de rodar casi improvisada en la que el director está más preocupado por captar la belleza del mundo que le rodea ¡que de dotar a la película de un desarrollo y una trama.
Aún así, y al contrario de lo que le he leído a muchos, me parece que El Nuevo Mundo sí tiene trama, un desarrollo de personajes y una historia a la vieja usanza, desde luego mucho más que las obras posteriores de Mallick, sobre todo aquel trío desafortunado que vino después del árbol de la vida (me refiero a To the Wonder, Knight of cups y Song to song). Aquí, ese paroxismo absoluto en esa forma de rodar tan reflexiva y contemplativa tiene plena justificación, de tal modo que uno siente que no se podría haber rodado esta historia de otra manera; genera un estado de perplejidad que trata de acercarse al modo en que esas gentes, colonos y nativos, debieron sentirse cuando se encontraron por primera vez.
Esa forma de rodar tan poética y ensimismada le sirve también para dotar de mayor profundidad a una historia que, en apariencia, puede parecer de lo más simple: la ya tan famosa y repetida historia de Pocahontas y John Smith. Sin embargo, Mallick es perro viejo y un cineasta como la copa de un pino: tras esa aparente simplicidad, logra reflexionar con acierto sobre temas que, algunos se plantean directamente y otros solo se insinuan, como el eterno conflicto entre naturaleza y civilización, lo que diferencia al amor apasionado del amor «trabajado» y sobre todo lo que perdimos en nombre de aquello a lo que llamamos progreso. En un golpe de genialidad, Mallick se cuestiona también a qué se refiere «El Nuevo Mundo» al que invoca el título de la película, si aquel de allí o este otro, el nuestro.
Creo que habré visto El Nuevo Mundo 6 o 7 veces y no solo no pierdo el interés por ella sino que cada vez que la veo me gusta más. La vi por primera vez en el año 2006, en su estreno, en una sala de cine vacía en la que solo estábamos yo y otra persona, y recuerdo como si fuera ayer la emoción con la que salí del cine. Fue una película que me voló la cabeza en su momento y a la que siempore pongo de ejemplo sobre el poder que tiene el cine para transmitir emociones de una manera que ningún otro arte puede hacer.
Es, sin ninguna duda, una de las películas más infravaloradas de la historia del cine. No me ruborizo si digo que está entre las mejores películas de aventura de todos los tiempos, a pesar de ser radicalmente distinta en su propuesta de la mayoría de películas de aventuras, y es también, y aquí sí que lo afirmo con rotundidad, la mejor película de Mallick, y además con bastante diferencia sobre el resto. Un 10 catedralicio.


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